RSS
Aside

Quiero aclarar, al no haberlo hecho antes, que lo que subo aquí son los borradores DIRECTOS de mi computadora. Osea, es solo un rastro de lo que será la historia, lo he hecho así para tener una base a la que afirmarme siendo que escribo por primera vez. Y cuando haya terminado una historia la reescribiré y dejaré el primer intento a modo de comparación pero mientras es para organizarme y tener un respaldo de ellas (en caso de que rompa mi computadora como por 4ta vez ¬¬”).

Y si a alguien le gusta en su versión más primitiva, no sabe cuanto me alegro

(T^T)

Advertisements
 
1 Comment

Posted by on 12 October, 2014 in Archivos

 

El Gato Travieso Capítulo 7: 3 días para el baile

Vuelvo a las andadas 😀 Luego de un bloqueo creativo la historia a vuelto a fluir

****************************************************************************************************************************

El Gato Travieso(portada)

El viaje en ferrocarril fue el momento más incómodo de mi vida. Si, los demás habían aceptado, cuando uno por uno, les pregunté, pero cuando me vieron al lado de John la sonrisa dejó sus rostros y ejecutaron con aterradora sincronía el mismo diálogo; me arrastraron lejos de él, me preguntaron en qué estaba pensando, luego lo aceptaron a regañadientes diciendo “Siempre has sido buena para juzgar a la gente”.

Y terminamos los cuatro sentados frente a frente en pleno silencio. El viaje se hizo eterno y casi brinqué de alivio al ver la silueta de la ciudad cerca de nosotros…

Enseguida nos vimos rodeados por edificios enormes y gente vestida elegantemente que caminaba con prisa, mientras nosotros íbamos despacio admirando todo; la función nocturna no comenzaba hasta dentro de unas horas y nos daba tiempo de curiosear. La emoción duró poco cuando me di cuenta de que todo era tan… gris. Las calles, el cielo, e incluso las personas adoptaban una actitud mustia que deprimía todo lo que tocaban, solo que yo no sabía atribuirlo a mi origen campesino o simplemente ellos no se daban cuenta por estar acostumbrados.

Quise escapar pero no había lugar donde refugiarme, y como si me hubieran guiado allí termine frente a una pequeña juguetería que aportaba algo de alegría a esa triste ciudad. Le pertenecía a un anciano simpático que con su baja estatura, poca barba cana y ojillos alegres ocultos tras los lentes me explicaba la historia de cada juguete que le señalaba mientras me seguía por la tienda. Luego de tantas vueltas me senté a descansar cerca de la vitrina y acabé por contemplar unos payasos gemelos de vivos colores sosteniendo dos pelotas rojas cada uno en ambas manos. Los alcé para vislumbrarlos mejor y me fijé en sus sonrisas inocentes, sus sombreros más grandes que sus cabecillas, su ropa ancha a cuadros… Eran verdaderamente encantadores.

-Ah, ¿te gustaron? –el dueño reparó en que llevaba mucho tiempo observándolos- Esos pequeños llevan mucho tiempo conmigo

-¿De verdad? Pero si son preciosos, ¿qué niños no los querrían?

-Los niños de ahora. Eran parte de una colección de muñecos, fueron muy populares, pero con el paso de los años aparecieron mejores juguetes y se olvidaron de ellos. Los he tenido en un rincón de la vitrina por décadas.

Los miré con tristeza, cuantos años pasaron solo e ignorados a la espera de que alguien se fijara en ellos. Me levanté y los llevé conmigo hasta el mostrador.

-Me los llevo –el dueño me miró con curiosidad.

-¿En serio? Pero si están tan viejos…

-Los quiero –mostré una ancha sonrisa.-Yo les daré un buen hogar

 

 

Apenas había salido de la tienda, cuando recibí un impacto que me dejó en el suelo. Al alzar la mirada me di cuenta de que tenía a Rose colgada de mi cuello y a los demás visiblemente preocupados. En ese momento caí en cuenta de que había empezado a caminar por mi cuenta y entré a la tienda sin avisar a nadie. Como si me leyera la mente Raylan me ayudó a levantarme apartando a Rose.

-¿En serio acabas de darte cuenta que nos abandonaste en la estación?

-Sí, eh… lo siento por eso. Me mareé un poco con tanta gente y cuando me di cuenta estaba sola. Luego entre a una tienda y perdí la noción del tiempo-

-De acuerdo, de acuerdo. Pero estábamos preocupados por ti –Ashley se acercó y me abrazó.-No vuelvas a separarte de nosotros, la ciudad es bastante grande.

-¿Alguien tiene hambre? –John atrajo la atención hacia él- Conozco un buen lugar por esta zona –como respuesta, mi estómago comenzó a gruñir y nos pusimos en marcha.

-¿Ya habías venido? –inquirí mientras caminamos.

-Bueno, había venido con mi padre de vez en cuando

-Y yo pensando que ambos nos perderíamos en un lugar tan grande

-Solo tú te perdiste –dijo, y su mirada cambió-, nos desesperamos cuando vimos que no estabas. Te buscamos por los alrededores y cuando saliste de esa tienda fue como habernos quitado un peso de encima

-Ya dije que lo sentía, pero tienes razón, pero irresponsable de mi parte y…

-¡Elena, ya es hora de la función! –gritó Rose mirando su reloj-, ¡Tenemos que apresurarnos!

Estábamos por echar a correr cuando vimos un montón de luces sobresaliendo desde algunos edificios. Con solo caminar un poco nos encontramos con la enorme carpa del circo mientras unos pequeños payasos vendían las entradas. No pude evitar sonreír al recordar su similitud con los juguetes que llevaba en una caja de cartón. Compramos nuestras entradas y nos situamos en una de las filas más altas.

El maestro de ceremonias silenció a la multitud y fue presentando a los artistas mientras mostraban su acto al escuchar su nombre. Primero un hombre gran altura, musculoso y de increíble fuerza levantó a una de las fieras que poco después una mujer hizo levantar en dos patas y saludar sin siquiera usar un látigo, los tigres se agazaparon mientras los leones traían montados a los trapecistas que se contorsionaban en largas tiras de tela que colgaban en el techo. El maestro indicó que mirásemos hacia arriba y una joven se deslizo con gracia por la cuerda floja sin siquiera un ápice de miedo. Así siguieron los actos hasta que los simpáticos payasos de antes junto con algunos mayores que ellos cerraron el show haciendo malabares y agradeciendo nuestra presencia.

Las estrellas ya brillaban cuando abandonamos la carpa pero yo no podía irme sin ver de cerca a los niños, así que le pedí a mis amigos que me esperaran cerca de ahí y me aventuré dentro del laberinto de tiendas. Justo cuando comenzaba a desistir los divisé y llamé su atención. Presumí que ambos tenían la misma edad; uno de ellos tenía el cabello de un rubio muy claro que le tapaba un ojo mientras el otro brillaba con un azul muy intenso. El otro era de cabello azul bastante oscuro y de ojos color avellana. Ambos me saludaron curiosos y me preguntaron en que podían servirme.

-Me encanto su acto –dije a poniéndome a su altura-, ¿pero no son muy pequeños para estar en un circo?

Ambos se miraron, como dudando en responder, pero el rubio finalmente se decidió a contestar.

-Es nuestro hogar, no tenemos otro sitio a donde ir –dijo con tristeza.

No quise seguir preguntando por el dolor que se veía reflejado en sus ojos, entonces tuve una idea, y les entregué la caja que llevaba conmigo.

-Tomen, para que puedan jugar en sus ratos libres. Los niños deberían tener algún juguete ¿cierto?

-¿En serio? –sus rostros se iluminaron al abrirla.

-Claro –dije con una sonrisa.

Ambos se despidieron agitando las manos y al voltear vi a los demás viéndome apoyados en un árbol a lo lejos. Me acerqué y le dije que ya podíamos irnos.

-¿Qué asunto tenías con los mocosos? –dijo Raylan apuntándolos con la barbilla.

-Quería saludarlos, eso es todo

-¿Eso es todo?

-Eso es todo, lo juro –respondí poniendo la mano en mi pecho, para después romper a reír.

-¡No me importa! –interrumpió Rose-, solo quiero comer algo. Llegamos al circo antes de comer, ¡y me estoy muriendo de hambre!

Luego de eso solo recuerdo platos y platos vacíos.

 

 
Leave a comment

Posted by on 28 October, 2014 in Archivos, ElGatoTravieso

 

Tags:

Ella se llamaba Carla

Yo me rompí al ver esto, pero más que por la prosa aquí puesta, fue por la total cruda realidad reflejada en una pantalla, quien haya pasado por esto sin quebrarse, son los seguimos aquí, aquellos que podemos decir “ganamos”…

borradordecabezas

SUICIDIO - ACOSO - NIÑA - CARLA - GIJÓN - BULLYING

Ella se llamaba Carla.

No murió de una enfermedad terminal. No la secuestraron en una feria de pueblo y la enterraron en cal. Tampoco se escapó de casa con su primer novio para vender pulseras en un mercadillo europeo.

No. Carla saltó voluntariamente desde un acantilado a los catorce años de edad.

Carla estudiaba en un colegio católico llamado el Santo Ángel de la Guarda. Un colegio que favorece el encuentro con uno mismo, con su entorno y con Dios. Un colegio en el que sus compañeros de clase la llamaban bizca, bollera y la bañaban con aguas fecales.

Topacio, un ojo para allí y otro para el espacio.

Carla tenía estrabismo en el ojo derecho y se lo tapaba con el fleco. Había confesado cierto gusto por chicos y por chicas. Le gustaba Pablo Alborán y quería ser médico. También cantaba por lo bajito. Eso era en su casa…

View original post 608 more words

 
Leave a comment

Posted by on 26 October, 2014 in Archivos

 
Aside

3608695_249px

 Algo a tener en cuenta sobre este blog…

Nadie se sorprenda si desaparezco de vez en cuando; entre invocar la creatividad, escribir en papel, pasarlo a la computadora, y terminarlo, puede pasar un largo intervalo de tiempo entre capítulo y capítulo. Le ruego a los lectores futuros y presentes (?) tener paciencia. Gracias… Lo se, no soy Poe para escribir bajo presión… (quería hacer tributo a los emoticons de Onion, para mi siempre será mi favorito)

 
Leave a comment

Posted by on 24 August, 2014 in Archivos

 

Tags:

El Gato Travieso Capítulo 6: 4 días para el baile

El Gato Travieso(portada)

Teníamos turno en la mañana por lo que Mamá y yo partimos después del desayuno. Por el camino nos encontramos con Ashley, quien hacía las compras antes de irse al puerto; trabajaba ayudando a los pescadores para ganar un poco de dinero. A ella le encanta mar, y de vez en cuando mencionaba algo sobre ser pirata en su vida pasada. John no estaba afuera del bar y me extrañó pues había venido desde que nos conocimos, aunque no me concentré mucho en eso. Habrían pasado un par de horas cuando Mamá me aviso que se habían acabado las provisiones y salí a comprar más; paseaba por el mercado cuando me pareció ver a alguien conocido: John estaba de pie frente a una florería, mirando detenidamente entre todas las opciones.

No supe cómo llamar su atención así que simplemente lo llamé por su nombre.

-John… -me miró sorprendido y alternaba su mirada entre las flores y yo-.

– Hola, yo… me di cuenta antes de que no te gustan las rosas y me preguntaba… -no pude evitar reír un poco-.

-No es que no me gusten, pero no son mis favoritas.

Avancé hasta ponerme a su lado y señalé una cesta. Me hacía gracia que luego de lo que pasó con las rosas quisiera darme otro ramo.

-Las margaritas. Son simples, tienen  propiedades medicinales y simbolizan la sencillez. Por eso me gustan.

Mientras hablaba, la dueña de la tienda salió y habló alegremente.

-Oh, ¿son para ti? Lleva como una hora mirando las flores, quería preguntarle, pero se veía tan concentrado que no quise interrumpirlo –dijo con una ancha sonrisa.

John se sonrojó, aparentemente avergonzado. E intentó excusarse, pero solo unas torpes palabras sueltas salieron de su boca. Terminó murmurando “Una ramo de Margaritas para la dama por favor” e intento recuperar su pose galante del pasado, sin resultado, pues la sangre seguía atrapada en sus mejillas. Intentó cambiar el tema mientras la mujer envolvía las flores.

-¿Y tú qué haces aquí? –de golpe recordé porque había ido al mercado-.

-¡Rayos! ¡Las provisiones! –estaba por echarme a correr cuando John agarró mi brazo y me miró interrogante -Se agotaron las provisiones y vine a comprar más.

-¿Puedo acompañarte?

Lo miré sorprendida, pero pensé en eso como la primera lección, y lo guié por el mercado. Antes de parar en el primer puesto lo arrastré a un rincón y le advertí que no debía comportarse altaneramente ni hacer nada parecido. Asintió energéticamente pero no me dejó muy convencida.

-Sólo… haz lo que yo haga ¿sí?

Me acerqué al puesto de verduras y saludé a la verdulera, le entregué la lista de compras y se dispuso a atenderme cuando reparó en la presencia de John

-Oh vaya, Señor John ¿qué puedo hacer por usted?

-Buenas tardes, estoy acompañándola –dijo después de colocarse a mi lado

-¿Es así? –la mujer nos miró extrañada pero al rato volvió a sonreír. –Bueno, voy por lo tuyo ¿de acuerdo?

Nos entregó lo que le pedí y seguimos caminando. Fue así en cada puesto; la gente miraba a John y luego intentaba atenderme normalmente. Cuando por fin terminamos nos dirigimos al bar y en el camino le pregunté por qué quiso regalarme flores de repente, él tardó unos segundos para responder y cuando lo hizo miró al piso fijamente y dijo débilmente “Quería saber qué tipo de flor te gustaba”.

-¿Sólo por eso? Pudiste haberme preguntado primero

-Quería sorprendente

-Ya veo, pero no tienes que traerme flores cortadas

-Pero te sorprendí ¿cierto? –dijo mirándome de reojo. Pensé un poco antes de responder.

-Cierto… ¿te importa si pongo algunas en el bar? –negó con la cabeza.

Cuando llegamos entré por la puerta de atrás e invité a John a hacer lo mismo. Colocó las cosas en un mesón cercano y me despedí bruscamente de él para trabajar, no sin antes prometerle que si quería seguir conversando podía volver cuando terminara mi turno. Minutos después se apostó como cliente en una de las mesas; comió hasta la saciedad y al igual que la última vez vigiló cada uno de mis movimientos, mientras su cara descansaba en su mano. Las horas pasaron hasta que el puntual reloj dio las cinco, lo contemplé un momento antes de cambiarme y sentarme en la mesa, quedando de frente a John.

-¿Quieres un trago?

Asintió y llame a otra de las meseras, quien acababa de entrar a su turno, la chica caminó hasta nosotros sin dejar que su cabellera rubia envuelta en una coleta se moviera de su sitio. Sonrió e hizo que la pecas se reacomodaran en su cara, llegando casi a sus ojos castaños.

-Dos jarras de cerveza por favor Ann, y algo de comer para mí

La chica se alejó y al poco rato reapareció con el pedido, depositando todo en la mesa con cuidado. Luego se encaminó hacia otro cliente dejándonos solos. Aproveché la instancia preguntar un pequeña inquietud.

-Oye… ¿por qué me vigilas mientras trabajo? –él desvió la mirada.

-Intento comprenderte –ante mi interrogante mirada continuó. –Eres la mujer más rara que he conocido en mi vida. Sin contar que eres la primera que me ha dado una bofetada, insultado, burlado de mí y por sobretodo, que no le agradé al principio. Quiero saber qué tipo de persona eres –eso me tomó por sorpresa.

-Soy exactamente quien ves, no escondo nada de mí

-Aunque eso te cause problemas…

-Si te refieres a las chicas del otro día, no me importa lo que piensen. No busco la aprobación de nadie, además el mundo siempre necesita a alguien distinto

Quedó meditando la respuesta, mientras yo daba el primer sorbo, dejando que la espuma cosquilleara mi garganta. Dejando de lado ese asunto, con cada sorbo la conversación se animaba más y más, me preguntó muchas cosas, qué hacía mis padres, como conocí a mis amigas y yo no dudaba en responder. De pronto empecé a fijarme más en la persona con la que estaba compartiendo ese momento: su cabello negro estaba pulcramente cortado y ningún mechón alcanzaba sus ojos de un azul sucio, sino que rodeaban su rostro ovalado, contrastando con el color claro de su piel. Sus extremidades armonizaban su tamaño con su altura, confiriéndole elegancia a cada uno de sus movimientos. Se invirtieron los papeles, ahora era yo quién lo observaba en silencio, cosa que le llamó la atención, pronunciando mi nombre para sacarme de ensimismamiento, a lo que yo respondí inconscientemente con un susurro.

-Al igual que un gato… -John me miró con sorpresa y dejó la jarra a un lado.

-¿A qué te refieres? –caí en cuenta de lo que había dicho y decidí explicarme.

-No me había fijado en ti demasiado hasta ahora; tú cuerpo, tu rostro y todo tú me recuerda a un gato. Elegante, altivo, él decide de quién recibir afecto y a quién darlo

-Pues vaya… no lo había pensado así –hinchó el pecho con orgullo y sonrió con satisfacción.

Rodé los ojos, era tan fácil inflarle el ego y tan difícil desinflarlo. Aunque de cierto modo me pareció divertido. Pero no podía evitar querer quedar con la última palabra.

-Por perfectos que sean, es fácil poner a los gatos en ridículo

Comprobé como su rostro se contrajo en un puchero mientras daba otro sorbo a su cerveza. Un brillo de preocupación ocupó sus ojos durante tan poco tiempo que creí haberlo imaginado, pero me aventuré a preguntar.

-¿Te ofendí? –mi mirada neutra se posó en la suya suavemente.

-¿Eh? No… es sólo… Me preguntaba si te desagrado

-Si te soy sincera sí, pero sólo al principio. Me caes bien en este momento –sonreí cálidamente para demostrarle que decía la verdad. –Es más, pienso que detrás de esa fachada galante hay una buena persona. Y me lo has demostrado algunas veces

-¿Cómo un gato? –me miró se arrepintió enseguida de lo que dijo. –No, bueno, solo creí… -reí entre dientes.

-Tienes suerte de que me gusten los gatos

Me levanté a pagar la cuenta, me sentí chispeada y no creí prudente seguir bebiendo. Le dije que me iba y ofreció acompañarme, dando inicio a un paseo al que la noche despejada y el alcohol amenizaban hasta la mansedumbre. Todo se hallaba quieto, como si todos hubieran seguido el dictamen de abandonar esa zona a esa hora. Nuestros pasos nos llegan al mismo parque donde todo había comenzado y los recuerdos seguían intactos, como si todo hubiera ocurrido la noche anterior. Pero esta vez fue diferente, no éramos un mujeriego y una chica que le plantó cara, éramos dos amigos dando un paseo a la luz de la luna. Miré el cielo tan cubierto de estrellas que parecían gotas de pintura en un cuadro originalmente oscuro. John me sacó de mi trance situándose a mi lado, lo había dejado atrás sin darme cuenta. La pálida hacia brillar sus cabellos y sus ojos adoptaron un tono azulado distinto al normal… el brillo de la luna me hizo recordar los juegos de luces que utilizan en el circo…

-¿Quieres ir al circo? –dije de repente.

-¿Al circo?

-Sí, estaba pensando en invitar a los demás también. Escuché por ahí que vendría un circo a la ciudad vecina y pensé en ir a verlo. Me preguntaba si querrías acompañarnos, hasta podríamos preguntar juntos mañana.

Un brillo se instalo en sus ojos luego de unos momentos y planeamos juntarnos la mañana siguiente en el parque, e iríamos a casa de los demás. Me acompañó hasta mi casa y se despidió. Estaba visiblemente emocionada, ansiaba viajar y esta era una gran oportunidad.

 
 

Tags:

El Gato Travieso capítulo 5: 5 días para el baile (Parte 2)

El Gato Travieso(portada)

-¡¿Tú?!

Al igual que un niño atrapado en una travesura, John no sabía a dónde mirar, avergonzado y a punto de huir si no fuera porque le grité para llamar su atención.

-Y bien, ¿qué estás haciendo aquí? –me crucé de brazos.

-Yo… bueno… no me dijiste a donde ibas, así que yo… te seguí… -no se atrevió a mirarme.

-No le digas a nadie sobre este lugar

-¿Eh? –supongo que esperaba un regaño.

-Si te vas ahora mismo y prometes no decirle a nadie sobre este lugar, olvidaré el hecho de que me seguiste ¿de acuerdo?

-E-Esta bien, prometo no decirle a nadie

-Ahora largo

-¡Pero…! –alcé una ceja- Adiós…

Se fue derrotado y pude sumergirme en el agua otra vez, Raylen me miraba divertido y con una enorme sonrisa.

-Eres intimidante mujer

-Gracias

-Pareces un ogro cuando se trata de John

-Que puedo decir, sabe como irritarme

-Salió con la cola entre las patas. No creo que llegue muy lejos contigo

-Tengo la sensación de que esto durará mucho tiempo. Creo que le veremos la cara seguido –dijo Rose.

Iba a decir algo pero el gruñido de mi estómago captó mi atención. Todos coincidimos en que era hora del almuerzo y salimos del agua. Luego de comer, el tiempo pasó deprisa, hasta que llegó la hora de irme, me cambié y tomé mis cosas. Ashley había terminado el cuadro, donde aparecíamos alegremente nosotros rodeados por la naturaleza. Enrollo el lienzo, ya seco, y nos encaminamos al pueblo a través un sendero natural rodeado de flores silvestres. Cuando llegamos vi la hora en el viejo reloj de Papá, casi serían las 5, por lo que debía apresurarme y despidiéndome bruscamente de los demás me alejé en dirección al bar. Por suerte llegué a tiempo y a las 5 en punto ya estaba atendiendo a los clientes en mi uniforme.

Alrededor de las 11 John mostró su cara. Aún con una expresión ofendida intentó actuar como siempre, pero en cuanto me alejaba su sonrisa desaparecía, quedando su rostro con una expresión seria sin apartar sus ojos de mí, siguiendo con su mirada todos mis movimientos. Me pareció extraño, como si intentara ver a través de mí. De cualquier modo, sólo aguanté una hora, momento exacto en que mi tía subiría al escenario ubicado al fondo del bar: al igual que Mamá ella sabía tocar el piano y todas las noches tocaba algunas canciones. Pero esta vez le pedí ser yo quien tocara algo, ella se sorprendió pero con gusto me cedió su lugar.

Me senté, acerqué el micrófono y tomando aire mis dedos bailaron sobre las teclas, improvisando las notas:

“Ser rico es genial” dicen…

Yo no lo creo

Me gusta mi vida

Tener un montón de cosas…

  Hombres y mujeres salieron de sus ensimismamientos y alegres charlas al oír los primeros versos, todos tenían la mirada fija en mí, especialmente John, cuya mirada se balanceaba entre la sorpresa y la atención. Continué cantando:  

No necesito nada de eso

No me importa… ser ridiculizada, odiada

No es ridículo, no puedo ser así

De esta manera está bien, es lo mejor

  Todos estaban atentos a mis manos y voz, y con cada momento que pasaba ganaba más confianza, alzando un poco la voz, mientras el ritmo de la melodía se aceleraba:  

Quedarme en casa, viendo a mi familia

Hablando, bromeando, quejándose

¿Puede siquiera existir algo mejor?

Sólo ver las estrellas bajo el limpio cielo nocturno

  Cerré los ojos un momento mientras seguía cantando, dejando que mis latidos se sincronizaran con el ritmo de las notas. Abrí los ojos y lo primero que vi fue a John, emocionado por la canción, cuando nuestros ojos se encontraron un brillo de extrañeza se instaló en los suyos, y volví a concentrarme en el piano:  

“Puedes tener todo lo que quieras” dicen…

Todo lo que quiero es, todo lo que quiero es…

Que las cosas se queden como están ahora

O cambiarlas sólo un poco…

 

Toqué las últimas notas y cuando me puse de pie el lugar retumbó con el sonido de los aplausos, por lo que hice una reverencia, recibiendo aún más aplausos. Luego una pareja (que estaba cerca de John) hizo señas para que me sentara con ellos, siendo la quinta persona en la mesa: un matrimonio y un par de amigos.  

-Fue maravilloso –dijo ella.

-Gracias

Tu voz es hermosa, vaya que has crecido –dijo él.

-Aún recuerdo cuando eras una niña pequeña que llevaba la bandeja sobre su cabeza

-¡Lo recuerdo! Visto desde arriba parecía que la bandeja flotara ¡Ha! –corearon sus amigos.

Seguimos hablando hasta que otros clientes me llamaron. Continuó así hasta el final de mi turno, servía a los clientes y me sentaba a hablar con ellos hasta que otros clientes me llamaban. A las 4 despedimos a todos y ayudé a cerrar el bar, pero le pedí a Mamá que se adelantara. Caminé rápido hasta llegar al parque, luego me di la vuelta y John dio un respingo.

-Sabía que eras tú

-¿Cómo lo…?

-Llevas mirándome (y siguiéndome) toda la tarde, sentía un cosquilleo en el bar y seguí sintiéndolo mientras caminaba hacia acá –bajó la mirada y se calló. -Y bien, ¿no me dirás por qué me observaste toda la noche?

-…

-Estoy esperando

-… piensas…

-¿Qué dijiste? No puedo oírte –y explotó.

-¡No sé lo que piensas, ¿de acuerdo?! Tu siempre, siempre me rechazas, cada vez que hago algo te enojas, y para colmo piensas que soy un estúpido. ¿Qué tengo que hacer para agradarte?

-Cómo quieres que te tome en serio si estás haciendo el tonto con las chicas todo el día. Se perfectamente lo que quieres, “agradarte” mi trasero

-¡Qué…!

-¡¿Acaso es mentira?! –bajó la mirada de nuevo- Justo como pensé. Además, ¿cuál es tu obsesión de acostarte con las chicas? ¿Sacas algo de ello?

-… No lo sé. Siempre lo hecho, y nunca me paré a preguntarme por qué. Actuar como un galán es todo lo que soy, ¡no esperarás que cambie quien he sido toda mi vida en un día!

-Pobre alma carente de significado…

-¿Ves? Ahí vas de nuevo, ¡ni siquiera sé si me estás insultando!

-No te estoy insultando, en verdad siento pena por ti, vivir todos estos años vacío, que miserable

-Pensé que sólo me odiabas

-No te odio, solo me irritas con facilidad. Hey… ¿quieres cambiar?

-¿Eh?

-Ya sabes, dejar de ser un donjuán, y vivir como una persona simple

-¿Y cómo quieres que haga eso?

-Hagamos un trato: dejas de actuar como un imbécil y yo te enseñaré como ser una persona normal. ¿Trato?

Me miraba con incredulidad, aunque lo estaba pensando, quizá creyendo que era una trampa, pero al final aceptó.

-Trato hecho –nos estrechamos las manos y él se dejó caer en un banco cercano, me senté junto a él- Y… -lo miré esperando a que siguiera- ¿en verdad trabajabas en el bar cuando niña?

Reí un poco, al final si escucho la conversación. Asentí y le conté como llevaba los pedidos a los clientes, siendo más baja que la mesa, cómo ponía la bandeja sobre mi cabeza, y a veces cómo dormía en el bar, que había sido construido al lado de su casa, por lo que en verdad dormía en casa de ella.

Con esa extraña promesa, nos despedimos y cada quien se dirigió a su casa, luego de ponerme el pijama, me dormí con una sensación nueva, ¿estaba a punto de re-educar a un caso perdido? No podía creerlo, aunque también estaba emocionada por descubrir qué tipo de persona sería…

 
 

Tags:

El Gato Travieso capítulo 5: 5 días para el baile (Parte 1)

El Gato Travieso(portada)

Hicimos el desayuno entre las tres; mientras Ashley preparaba el té Rose y yo trajimos los platos y demás. Con el estómago lleno fuimos a buscar a Raylen, quien trabajaba junto con su padre, el herrero. Lo encontramos en el taller anexo a la casa, dándole forma a un metal al rojo vivo mientras su padre, Arin Isham, se concentraba en otro. Nos mantuvimos en el portal para no interrumpirlo, y al terminar el encargo nos saludó mientras se secaba el sudor de la frente con el dorso de la mano.

-Hola chicas, ¿están listas? –asentimos y sonrió-. Bien, déjenme ir a cambiarme y nos vamos

Nos entretuvimos hablando con su padre hasta que regresó con su cambio de ropa y nos fuimos. Íbamos a ir a un claro en lo profundo del bosque, nuestro autoproclamado lugar secreto, que tenía además un hermoso lago –incluso en Otoño-, por eso el cambio de ropa. Atravesamos rápidamente el pueblo, pero al pasar por el bar vi a John mirando hacia todos lados, seguramente buscándome. Entré en pánico, no quería que arruinara mi día perfecto. Recordé que Ashley llevaba un pañuelo negro a modo de brazalete.

-Hey Ashley, préstame tu pañuelo -dije susurrando-.

Ella me lo tendió, extrañada. Cubrí mi cabeza con él y lo anudé. Les dije a todos que caminaran más rápido y preguntaron la razón.

-Se los explicaré luego, solo… -fue demasiado tarde-.

-¿Elena? –oímos detrás nuestro como se acercaba, e hice que todos aceleraran el paso, pero John siguió gritando mi nombre hasta que logró alcanzarnos y tomó mi hombro, volteándome de cara a él.

-¿Qué? –dije cortante. Miro con curiosidad al resto- Si no tienes nada importante que decir     –me volteé mientras desanudaba el pañuelo para devolvérselo a Ashley.

Raylen no ocultaba su risa ni John su frustración, pero siguió insistiendo.

-Espera, ¿a dónde van?

¿Y a ti que te importa? –mirándolo con determinación, se fue resignado.

Luego de eso, salimos del pueblo en dirección al bosque, hablamos de todo el tiempo que había pasado que no íbamos allí. Por fin llegamos al claro: un hermoso paisaje que acabaría con toda la pintura verde de Ashley, pues el bosque extendía inmensamente, siendo el claro el lugar más iluminado. Era un rincón sagrado en el que la bestia de la civilización no tenía cabida, la vida latía en cada rincón y nos desconectábamos completamente del resto del mundo. Éramos nosotros los únicos intrusos en esos terrenos. El aire puro llenaba mis pulmones y mis pies descalzos descansaban en el pasto, ignorando el cosquilleo de ese inusual contacto.

Todos se veían igual de cómodos que yo: Ashley nos retrataba en un lienzo, Rose intentaba acariciar a cuanto animal veía, y se paraba de vez en cuando para observar la pintura de Ashley, y Raylen estaba afinando su guitarra. Cuando terminó se dirigió a mí.

-¿Ese tipo es el tal John?

-Por desgracia

-No sé que le ven las chicas

-Yo tampoco, es un imbécil

-¿Usualmente no eres amable y encuentras el lado bueno a cualquiera?

-Imposible, no me creo capaz… ni que exista…

Reímos y cada quién volvió a sus asuntos hasta la llegada del mediodía, cuando el sol brillaba con fuerza, dándoles a nuestros cuerpos la motivación para sumergirnos en el lago, un espejo de agua cristalina. Les dije mi idea a todos y se mostraron de acuerdo, dimos media vuelta nos pusimos los trajes de baño, una camiseta y pantalones cortos. El traje de baño de Ashley llevaba siluetas de cuervos y decoración moradas, Rose llevaba corazones azules por todos lados, y yo tenía un gato negro en el centro rodeado de hojas marrones, opacando el aburrido color blanco de todos ellos. El chico había terminado de cambiarse primero y ya estaba dentro del lago, esperándonos.

Cuando nos acercamos Raylen se puso de pié y tomándonos por sorpresa, arrastró a Ashley del tobillo junto con el de regreso al agua, mientras ella reía y pataleaba desenfadadamente gritando que la soltara. Rose se unió a la diversión lanzándose al agua. Copié su gesto y me zambullí en medio de los tres.

-Hey Elena –empezó Raylen- ¿por qué no me cuentas acerca de tu admirador? –se apoyó en mi hombro-.

-Tenías que salir con ese tema… -mi cuerpo se cansó al instante y presioné el entrecejo con los dedos- Por dónde empezar…

Conté la historia una vez más causando, de nuevo, un estallido de risas por parte de ambas chicas y ahora se había sumado Ray.

-Tienes un gran tipo detrás de ti –ironizó.

-Más bien me está acosando

-Sigue siendo igual de gracioso que cuando lo contaste la primera vez –Rose no paraba de reír.

-Para mí no lo es –suspiré-, es una molestia y lo peor es que es tan obvio con sus intenciones que me hace enojar

-Y lo de la cubeta no fue suficiente, que tipo más insistente –se burló Raylen agitando sus cabellos cobrizos.

-¿Aún con todo lo que sabes no lo consideras peligroso? –intervino Ashley.

-No, para mi es estúpido no peligroso. ¿Y podemos dejar el tema? Pensar en él sólo me da dolor de… -un ruido entre los arbustos me interrumpió.

Todos nos giramos alerta, y yo salí rápidamente del agua. Tomé una piedra del suelo y la arrojé a la fuente del ruido. Escuchamos un quejido y una figura humana salió desde los arbustos. Y yo que pensé que iba a ser un buen día…

 

 

 

 
 

Tags:

 
Dark World of Alex

Donde el caos y la oscuridad son parte del día a día

Study in Ireland

Connect to Excellence.Study in Ireland.

Echo of the past

The story of boys love

Todo sobre Japón

Blog sobre Japón

Érin go bragh

Un punto de encuentro para los amantes de Irlanda

El universo de Kumi

No soy buena con los títulos, lo sé.

rui_da_yo

るいの日常 "Rui no Nichijou"

-Opheliac Syndrome-

Sumérgete en el mundo de un libro olvidado

-Opheliac Syndrome: Uncensored-

Sumérgete en el mundo de un libro olvidado

Bienvenidos al bosque...

Sumérgete en el mundo de un libro olvidado

JagoDibuja

Entre bajo su propio riesgo...

Celia Añó

Escritora de fantasía